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Isabel

Andrea Soler • 07/Septiembre/2012 1:25 PMComéntala ()

Mi mente se encuentra atormentada por cientos de preguntas que ni siquiera sé formular. Una conversación tal vez pueda despejarme la mente. Una conversación con Isabel. Isabel está muerta, debo emprender un viaje para buscarla, para encontrarla. Desciendo al mundo de los sueños, de la irrealidad, el de los muertos. No soy capaz de notar en qué momento me transporté ahí. No soy capaz de ir directamente a buscarla, antes debo aclararme algunas cosas sobre mí. Sobre mí y mi relación con ella. Mi camisa se encuentra completamente empapada. ¿Es sudor? ¿Estaré en el infierno? De cualquier manera debo cambiarme de ropa. Un día en un mundo como este solo se puede comprar ropa con los gitanos. Ahí hay algunos. Voy y compro dos camisas antes de dirigirme a mi primer encuentro. El sudor no parará. Entro en un espacio estéril. Aire acondicionado, paredes blancas, pisos de madera, ventanas que dan a cuidados jardines. Tengo demasiada sed. Busco el bar del museo y rápidamente lo encuentro. Me recibe un verdadero profesional. Me informa que están a punto de cerrar el museo. Entro al cuarto de Van Gogh. El de su pintura. Aun con el trago en la mano. El mismo que me preparó el muchacho del bar. Ahí está él. Antes de que yo diga nada comienza a hablar él. Has de estar hambrienta -me dice. Salimos a comer. Una mujer increíblemente alegre y gorda nos recibe. Habla de la comida como si fuera lo más importante de la vida. No puedes vivir en dos lados -dice- el lado de la realidad y el lado del sueño. Pienso en Isabel. Después Van Gogh comienza a hablar de ella como si la conociera mejor que yo. Habla sobre su melancolía como si fuera la misma que la de él, la mía. Me voy de ahí, debo darme prisa. Encuentro a un vagabundo leyendo en un parque y me asusta. Salgo corriendo y el pasillo se llena de pinturas de Van Gogh. Al fondo Isabel, quien todo el tiempo estuvo ahí. Está llorando, lo sé porque la escucho. Trato de acercarme a ella y darle consuelo. ¿Quién me he creído para dar consuelo a esa mujer? No me atrevo a acercarme. Mis preguntas han perdido importancia. Al verla soy conciente de mi profundo egoísmo. Mi viaje ahí no tiene nada que ver con ella. Solo conmigo, con mi propia mortalidad, no con su muerte. Temo que se dé vuelta y me encuentre ahí. Hacerle más daño del que ya está hecho. Me siento a observarla. Su llanto no cesa. De ninguna forma llora por mí.

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